PENSAMIENTO POSITIVO

En el campo de la Psicología del Deporte es un hecho ampliamente demostrado el de que los pensamientos preceden a las emociones negativas, temerosos e influidos por el pánico y la inseguridad es de igual carácter. Provocan una reacción fisiológica importante en la que el cuerpo se tensa y manifiesta ansiedad somáticamente. Esto, como sabemos, desequilibra la actuación.

Actuamos según pensamos. En el mundo del deporte esta idea se vuelve fundamental. Un pensamiento positivo genera emociones positivas que desembocan en actuaciones positivas. De hecho, las profecías autocumplidas son numerosas en las ejecuciones deportivas. Las creencias y las esperanzas que tienen los corredores con respecto a sus resultados tienen mucho que ver con lo que verdaderamente han alcanzado. Cuántas veces hemos podido escuchar expresiones como éstas:”no gané porque no creí que podría conseguirlo”; “Me veo como perdedor antes de empezar la carrera”. El pensamiento se convierte entonces en una pieza clave de la ejecución deportiva y es aquí en donde toma especial relevancia como habilidad, tan importante a entrenar como las cualidades puramente técnicas.

Dentro de la cadena de pensamiento-emoción-ejecución, si el origen es positivo, tiene todas las posibilidades de que el resultado final también lo sea; mientras que si el pensamiento inicial es negativo, la ejecución también tendrá ese mismo cariz. De todo esto se desprende una aplicación práctica inmediata. Si los corredores desean cambiar sus actuaciones deportivas, deben cambiar su forma de pensar.

Surge entonces una pregunta de vital importancia: ¿Cómo puede un corredor cambiar sus propios pensamientos?, ¿Por dónde ha de comenzar? La respuesta aparece en forma de principio básico poniendo de manifiesto que el control sobre si mismos es la facultad de seleccionar los pensamientos para convertir en actos sólo los convenientes.

Veamos, pues, qué tipo de pensamientos, emociones y ejecuciones reflejan el mantenimiento de este principio que se convierte en un ritual, en una disciplina mental que produce continuidad en el trabajo y en la forma de afrontarlo así como la propia percepción de la actuación deportiva desde puntos de vista reales y positivos. Todos aquellos pensamientos de la forma “puedo hacerlo”, cuya perspectiva resulte desafiante, dan lugar a emociones de tipo excitante de entusiasmo y disfrute, que a su vez van a originar comportamientos de búsqueda de nuevas formas de realización, de enfrentamiento de nuevo a la situación, de esfuerzo constructivo, de aceptación del reto y el desafío.

Evidentemente, la actitud que todo corredor persigue es la de un enfrentamiento positivo a las situaciones deportivas, ya que de esto se deriva una ejecución más constructiva y estable, además de ser con la que más necesidades tiene de identificarse. Sin embargo, no siempre el corredor adopta esta actitud por razones muy diversas: su historia personal y deportiva, sus características personales, su resistencia a la presión externa, la percepción que tiene de la competición, la que tiene de sus cualidades como corredor.

Tener una actitud positiva no significa mentirse a sí mismo diciendo que todo está bien, ignorando los propios problemas. Consiste en afrontar las situaciones con una actitud que permita percibir adecuadamente, analizar y responder a las mismas de la forma más adaptativa posible.

Si el corredor, a pesar de todo, no consigue tener una actitud deportiva positiva, deberá contar con la ayuda de su entrenador y su psicólogo del deporte.

MANUELA RODRIGUEZ MAROTE

Publicado el 21 de Diciembre de 1993 en Meta2Mil

 

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