LAS METAS 

Establecer metas no es algo nuevo para los entrenadores y los corredores. Sabemos que ya en las primeras competiciones de los tiempos antiguos los atletas se fijaban metas, tanto en deportes individuales como de equipo. Sin embargo, observamos con mucha frecuencia que cuando se establecen metas, ésta son vagas, irreales, no estimulantes y están mal dirigidas.

Son muchos los experimentos y las investigaciones realizadas a este respecto dentro del ámbito deportivo; y también son muy esclarecedores y sorprendentes los resultados que se han obtenido. Podemos citar los numerosos beneficios que se desprenden del adecuado establecimiento de metas: perfeccionan la ejecución, ya que los corredores están más concentrados; clarifican las expectativas que los corredores tienen respecto a su actuación; ayudan a eliminar el aburrimiento con un entrenamiento más estimulante; incrementan la motivación, ya que las metas suponen un reto; acrecientan el orgullo, la satisfacción y la seguridad en uno mismo. Entonces, ¿por qué entrenador y corredores, a menudo, no saben fijar metas eficazmente, ni saben cómo perseguirlas sistemáticamente?

Para conseguir óptimos resultados es necesario que se comprendan y se apliquen correctamente los principios fundamentales del establecimiento de metas, que se bien son poco numerosos y fáciles de poner en práctica, constituyen la llave de la solución en la falta de motivación y el miedo al fracaso.

Los entrenadores y los corredores a menudo, ponen metas de resultado como por ejemplo: vencer en la próxima carrera. Las metas de ejecución, son, a la larga, superiores a las metas de resultado, ya que el corredor tiene un mayor control sobre su ejecución del que pueda tener sobre el resultado de una carrera.

Existen pruebas experimentales que indican que las metas estimulantes permiten mejores ejecuciones que las moderadas o fáciles. Si las metas son demasiado difíciles llevan a los corredores a la conclusión de que son fracasados y amenazan la conciencia que tienen del propio valor. Si son demasiado fáciles no se las toman en serio y pierden la capacidad de motivar. El premio de conseguir una meta refuerza en los corredores el conseguir la próxima, ligeramente más difícil.

Una de las habilidades del entrenador es ayudar a los corredores a que se pongan metas difíciles para que saquen afuera el máximo de motivación –pero, no tan difíciles para que se den por vencidos-.

Otro importantísimo principio consiste en poner metas realistas en lugar de metas irreales. La clave consiste en el hecho de que los corredores sepan lo que son y que no lo confundan con lo que quieren ser. Además, es necesario en circunstancias desfavorables adaptar las metas hacia abajo y cercanas a poder admitir la derrota. La meta efectiva requiere ser adaptada al contexto de crecimiento de la confianza entre entrenador y corredor, trabajando juntos para conseguir un objetivo a largo plazo.

Las metas específicas son más reales ya que determinan el comportamiento a seguir de una forma más precisa, especificando el criterio para el éxito. Es prudente evitar las metas proyectadas demasiado lejos en el futuro. La carencia de esfuerzo no es un problema insólito cuando las metas están excepcionalmente alejadas.

Cuando los entrenadores y los corredores siguen fielmente estos principios en el establecimiento de metas, los resultados positivos se obtienen plenamente. Cuando los corredores pueden librarse de la pesada carga de la victoria tienen una mejor ejecución, están más seguros de sí mismos, son menos ansiosos y disfrutan más de la actividad deportiva.
 

MANUELA RODRÍGUEZ MAROTE

 Publicado el 30 de Noviembre de 1993 en Meta2Mil

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