LAS BARRERAS PSICOLÓGICAS

                                                                           
Una de las múltiples funciones de la Psicología del Deporte estriba en conseguir que los deportistas alcancen su desarrollo personal y el máximo rendimiento. Y es aquí donde urge retomar la antigua premisa cuerpo-mente. Es obvio que todo lo que afecta al cuerpo afecta a la mente, pero, lo contrario, también es cierto, que lo que afecta a la mente afecta al cuerpo. Pensamientos, imágenes y pautas mentales actúan como mecanismos de dirección y control. Podemos afirmar que la mente dirige y el cuerpo ejecuta. Dentro de esta dinámica e intercambio constante de energía, cualquier actividad se inicia en el cerebro y finaliza en los músculos. ¿De qué sirven unas cualidades físicas inmejorables, si en el control de las mismas se es ineficaz? Si un deportista quiere mejorar debe utilizar adecuadamente su inteligencia, aprender a mejorar sus recursos y aprovechar su energía.

El control de la energía es prioritario en el corredor. Pedaleadas o brazadas más funcionales impulsan mejor al corredor. Limitar la capacidad de utilizar la propia energía significa poner freno al crecimiento como corredor y, por tanto, al desarrollo del potencial que se posee. Pero, ¿podemos entrenar nuestro cerebro? Y ¿hasta qué nivel? La respuesta ha sido científicamente probada: Podemos aprender a controlar ciertas partes de nuestro cerebro hasta un nivel extraordinario.

En la actualidad son muchos los procedimientos especiales empleados para mejorar el rendimiento, y son muchas las marcas que se han batido en las últimas décadas. Algunos de los records de hace treinta años han sido superados en el presente por deportistas que no están al máximo nivel y esto ocurre en casi todas las modalidades de competición. ¿Quiere decir esto que el rendimiento físico-deportivo no tiene límite? La lógica nos indica que si existe un límite, pero, ¿dónde está? Esta es una de las preguntas más difíciles de contestar, si bien tiene respuesta desde el punto de vista psicológico: al ser de competición cada vez más exigente, las marcas son más altas y las presiones sociales más grandes. Entre los corredores de élite la preparación física es potenciada al máximo y las diferencias entre ellos son prácticamente inexistentes. De ahí, que el componente psicológico sea ahora más importante que en el pasado; pequeñas diferencias psicológicas van a influir en el resultado final de quién gana y quién pierde. Es en estas situaciones, cuando podemos observar cómo corredores de capacidad demostrada dudan de su propia habilidad. Entonces se produce un desequilibrio entre su capacidad real y su creencia de poder ejecutarla. Esa incapacidad constituye una barrera psicológica que va a interferir en la adecuada producción y gestión de la energía y va a ocasionar importantes limitaciones en la actividad deportiva.

Una de las pruebas donde mejor podemos observar cómo se establecen y rebasan límites constantemente en el ciclismo es en el record de la hora. Debido a la original pureza que ofrece esta modalidad podemos destacar, sobre todo, dos momentos en los cuáles una distancia fue considerada una barrera suscitando la aséptica pregunta de: ¿es éste el límite humano?

Fue J. Anquetil el que el 26 de junio de 1956 consiguió traspasar por primera vez el límite de los 46 kilómetros después de catorce años de imbatibilidad del establecido por F. Coppi. Sin embargo, solamente tres meses más tarde E. Baldini bate el recién estrenado record. En 1972, E. Merckx establece un nuevo record en 49 kilómetros. Hubo que esperar trece años para que F. Moser sobrepasara esta marca, y tan sólo cuatro días después batió su propio record.

Hay que reconocer que todo deporte participa tanto del factor psicológico como del fisiológico, y es posible que en el record de la hora haya una implicación psicológica importante, de forma que pueda darnos una explicación más completa a los interrogantes que surgen cuándo un record está varios años imbatible y, en cuestión de días o pocos meses es superado varias veces. Conviene tener en cuenta que las barreras psicológicas existen y que constituyen una clave fundamental en la fijación de los límites físicos.

El límite está en nosotros mismos, en la actitud mental, y es ahí donde la dualidad cuerpo-mente queda perfectamente engarzada. 

MANUELA RODRÍGUEZ MAROTE

Publicado el 25 de Enero de 1994 en Meta2Mil
  

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